Los siete chakras y cinco más
Una rueda es el punto donde los canales confluyen y la atención se concentra. Siete de ellas son habituales en cualquier lugar donde se enseña este sistema. Otras cinco aparecen en las fuentes sánscritas más antiguas, se describen con detalle y luego desaparecen de la mayoría de las listas modernas.
- 7
- centros principales
- 5
- centros secundarios
- 1577
- la lista queda fijada
Los centros
De abajo hacia arriba, tal como los ordenan todos los textos y prácticas.
Los siete centros principales
De la base de la columna a la corona.
1. Chakra raíz
Base de la columna, cuatro pétalos, elemento tierra. Punto donde arranca el sistema y donde se dice que reposa la energía enrollada.
2. Chakra sacro
Bajo el ombligo, seis pétalos, elemento agua. Apetito, sexualidad y el impulso hacia lo deseado.
3. Chakra del plexo solar
En el ombligo, diez pétalos, elemento fuego. Digestión en ambos planos: los alimentos y todo lo que el cuerpo y la mente deben metabolizar.
4. Chakra del corazón
Centro del pecho, doce pétalos, elemento aire. Su nombre significa no golpeado: un sonido que no precisa el choque de dos elementos.
5. Chakra de la garganta
En la garganta, dieciséis pétalos, elemento espacio. Lugar donde lo que se experimenta internamente se transforma en palabra.
6. Chakra del tercer ojo
Entre las cejas, dos pétalos, sin elemento. Su nombre significa mandato, y es donde ida y pingala se encuentran con sushumna.
7. Chakra de la corona
En la coronilla o por encima de ella, mil pétalos. La mayor parte de los textos lo sitúan fuera del cuerpo y al margen de los seis centros corporales.
Centros secundarios
Mencionados en las fuentes antiguas, ausentes de la mayoría de listas modernas.
Bindu visarga
Punto en la parte posterior de la cabeza donde los practicantes brahmanes conservan un mechón de pelo. Origen del néctar que según la tradición custodia el centro laríngeo.
Hrit chakra
Justo debajo del corazón, ocho pétalos, morada del árbol que colma los deseos. Centro de la práctica devocional o bhakti y del sol interior.
Lalana chakra
En el paladar blando, doce pétalos. Recoge el néctar que gotea desde bindu, propósito principal de khechari mudra.
Manas chakra
Por encima de ajna, seis pétalos: uno para cada sentido y otro para los sueños. El centro donde los estímulos sensoriales todavía se clasifican.
Soma chakra
Por encima de manas, dieciséis pétalos, cada uno correspondiente a una fase lunar. Asociado a la serenidad que surge tras una práctica prolongada.
Qué es un centro
Cada uno de estos centros es un punto a lo largo del eje corporal donde se concentra la práctica. Los textos medievales los describen como lotos: un número determinado de pétalos, cada pétalo con una letra sánscrita, una sílaba semilla en el centro, un elemento, un animal y una deidad tutelar. Nada de esto es adorno. El recuento de pétalos permite al practicante reconocer en qué centro se encuentra, y las letras aportan estructura a la recitación.
Siete es la cifra que casi todo el mundo aprende. Seis es el número que suelen indicar los textos tradicionales, pues cuentan sahasrara por separado al situarlo más allá de la serie y no en su cúspide. Esa distinción perdura en la propia formulación de la mayoría de fuentes sánscritas: shat-chakra, las seis ruedas, junto al loto de mil pétalos situado por encima.
Correspondencias antiguas y modernas
La secuencia de los elementos se mantiene estable en todas las fuentes: tierra, agua, fuego, aire, espacio y, tras ellos, dos centros situados más allá de los elementos. Ocurre lo mismo con el número de pétalos, que suma cincuenta en los seis inferiores, uno por cada letra del alfabeto sánscrito. También coinciden los sonidos semilla: LAM, VAM, RAM, YAM y HAM.
Los colores requieren atención, ya que los textos describen dos cosas distintas y las listas modernas proponen una tercera. El yantra de cada centro, la figura geométrica que contiene el elemento, tiene un color fijo: un cuadrado amarillo para la tierra, una media luna blanca para el agua, un triángulo rojo para el fuego, un hexagrama ceniciento para el aire y un círculo blanco para el espacio. Los pétalos, en cambio, presentan colores propios e independientes: carmesí en la raíz, bermellón en el sacro, el azul oscuro de un nubarrón en el ombligo, de nuevo bermellón en el corazón, púrpura ahumado en la garganta y blanco en el entrecejo.
El arcoíris no responde a ninguno de esos esquemas. La asignación de rojo, naranja, amarillo, verde, azul celeste, añil y violeta se configuró en el siglo XX haciendo coincidir siete centros con las siete franjas del espectro luminoso, y arraigó porque resultaba fácil de recordar y de dibujar. La asociación con las glándulas endocrinas surgió del mismo modo, a partir del libro de Leadbeater de 1927 y sus lectores.
Cada página presenta estos tres niveles, indicando con claridad qué representa cada uno.
Diversidad de sistemas tradicionales
Christopher Wallis y otros especialistas en fuentes tántricas señalan un principio fundamental: en los textos originales, estos centros son prescriptivos y no descriptivos. No son órganos físicos esperando a ser descubiertos y desbloqueados, sino mapas para la práctica, lugares donde se fija una sílaba, se visualiza una deidad y se sostiene la atención. Por eso distintos linajes prescriben números diferentes (cuatro, cinco, seis, nueve, doce o veintiuno) sin que ninguno esté equivocado. El número responde a la práctica concreta.
El tantra budista conserva la noción pero modifica casi todos los detalles. El Vajrayana tibetano trabaja con cinco ruedas en lugar de siete, con sus propios números de pétalos (treinta y dos en la coronilla, dieciséis en la garganta, ocho en el corazón, sesenta y cuatro en el ombligo y treinta y dos en la base), un canal central llamado avadhuti en vez de sushumna, y el corazón en lugar de la cabeza como sede de la mente. La práctica del fuego interior o tummo, situada en la rueda del ombligo, constituye el motor de los Seis Yogas de Naropa.
La tradición Natha incorpora otro eje distinto. El Siddha Siddhanta Paddhati de Gorakhnath enumera dieciséis adharas o puntos de apoyo físico, desde los dedos gordos de los pies y los tobillos hasta el perineo, el ombligo y el paladar, empleados para el enraizamiento y la concentración localizada. Los adharas actúan como anclajes; los chakras son ruedas. Distinguir con precisión ambos conceptos es una de las aportaciones más claras de la literatura antigua.
Los cinco que quedaron fuera de la lista
Bindu, hrit, lalana, manas y soma distan de ser oscuros. Aparecen en el Hatha Yoga Pradipika, la Shiva Samhita y sus comentarios, y de ellos dependen prácticas específicas: khechari mudra existe para alcanzar lalana, mientras que la devoción de bhakti se asienta en hrit. Desaparecieron de la enseñanza popular porque siete es una cifra redonda y porque la síntesis teosófica que introdujo los chakras en Occidente se basó en un modelo de siete centros.
Se incluyen aquí porque un mapa que solo muestra los caminos más transitados apenas merece llamarse mapa.
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