Talismanes · Propósitos

Salud y curación

También llamado: Amuletos de curación, remedios amuléticos

Lo que la gente hacía cuando no existía alternativa, abordado como historia y jamás como sustituto de la medicina.

De un vistazo

Cuatro mecanismos
Simpatía, transferencia, medida e invocación
Objetos mejor documentados
Amuletos escritos, anillos para calambres, monedas reales, cordones de medida
Estudios de referencia
Marc Bloch, Les Rois thaumaturges (1924)
Evidencia al respecto
Ninguna prueba sólida en ensayos clínicos
Riesgos documentados
Collares infantiles, demora del tratamiento médico, preparados tóxicos
Esta página es
Historia y antropología, no consejo médico

Una aclaración previa

Nada en esta página constituye consejo médico, y ninguna pieza de esta biblioteca presenta un amuleto como sustituto del tratamiento profesional. Cuando una práctica tradicional ha sido evaluada mediante ensayos clínicos, se indica su resultado. Cuando entraña un riesgo documentado, se explica en el mismo párrafo que la tradición y no relegado a una nota al pie.

Este enfoque no responde a un exceso de cautela: es la única forma honesta de tratar esta categoría, porque la magia curativa es el único ámbito donde un amuleto puede causar daño real. Y lo hace de un modo muy concreto: no por actuar sobre el cuerpo, sino al retrasar la atención médica que sí habría sido eficaz.

Los cuatro mecanismos

Simpatía. El objeto imita el desenlace deseado: la palabra Abracadabra dispuesta en un triángulo menguante para que la fiebre remita; una piedra amarilla frente a la ictericia; un hilo rojo para contener una hemorragia. Es la variante más común y la más sencilla de identificar.

Transferencia. La dolencia se traslada a otro objeto o ser vivo, que luego se destruye, se entierra o se arroja lejos: frotar un huevo por el cuerpo y romperlo; pasar una babosa por una verruga y clavarla en una espina; introducir un cabello en la corteza de un árbol. Los rituales de transferencia abundan en la medicina popular europea y concluyen siempre con la eliminación del receptáculo.

La versión más elaborada data del siglo XVII y procede de un miembro de la Royal Society. El polvo de simpatía de Sir Kenelm Digby, divulgado en una conferencia en 1658, no se aplicaba sobre la herida, sino sobre el arma causante o sobre una venda ensangrentada guardada a distancia, bajo la idea de que la lesión y su causa mantenían contacto simpático. Conviene recordar por qué parecía dar resultado: mantener la herida limpia, vendada y en reposo mientras el médico se concentraba en la espada era, en una época de sondeos e incisiones invasivas, un tratamiento indudablemente mejor.

Medida. Consiste en registrar las dimensiones del enfermo en cuerda o cera para consagrarlas como ofrenda: cirios con la altura exacta de un niño, rollos etíopes de oración cortados a la medida de su dueño o cordones de la longitud del sepulcro de un santo con los que se ceñía al paciente. La medida actúa como doble de la persona.

Invocación. Apelar por escrito a una autoridad espiritual: nombres divinos, versículos, santos o el amuleto sellado que se cuelga del cuello. Este mecanismo ha dejado el mayor registro material conservado, ya que los textos se guardaban en estuches metálicos que facilitaron su preservación.

Los objetos

Amuletos escritos. La forma predominante en el ámbito cristiano, judío e islámico de Europa y Asia: hojas de papel o pergamino dobladas, cosidas en cuero o guardadas en estuches de plata, portadas al cuello. Raras veces se abrían y solían ser ilegibles incluso recién redactadas.

Anillos para calambres y el toque real. Los monarcas ingleses bendecían anillos el Viernes Santo para repartirlos contra la epilepsia y los espasmos musculares, una costumbre que se extendió desde el siglo XIV hasta que la Reforma la interrumpió. Su equivalente de mayor escala fue el toque regio contra la escrófula (el mal del rey), en el que el soberano imponía las manos al enfermo y le entregaba una moneda de oro perforada, llamada Ángel, para llevarla al cuello. Carlos II practicó este rito de forma masiva tras la Restauración: las cifras de la época superan los noventa mil participantes, el libro de rezos incorporó una liturgia impresa y cronistas como John Evelyn y Samuel Pepys documentaron las aglomeraciones en las ceremonias.

Marc Bloch reconstruyó la historia moderna de esta práctica en Les Rois thaumaturges (1924) y su tesis mantiene plena vigencia: el rito perduró siete siglos no porque curase la escrófula (un mal con remisiones espontáneas suficientes para generar testimonios), sino porque ofrecía la demostración más palpable de que el cuerpo regio era distinto al del resto de los mortales. El amuleto tenía un valor tanto constitucional como curativo.

Cordones de medida y cirios. Testimoniados en toda la Europa católica, en particular en centros de peregrinación.

Estuches para amuletos. El ga\x27u tibetano, el relicario del ta\x27wiz islámico o los cilindros porta-rollos etíopes: recipientes cuya eficacia radica en su contenido.

Sustancias portadas en lugar de ingeridas. Ámbar, cobre, azabache o coral. Es la vertiente que todavía sobrevive hoy en el mercado.

Qué dicen los estudios clínicos

Tres supervivencias contemporáneas han sido examinadas mediante ensayos rigurosos, con conclusiones coincidentes.

Pulseras de cobre para la artritis. Un ensayo cruzado, aleatorizado, a doble ciego y controlado con placebo realizado en 2013 por S. J. Richmond y colaboradores en PLOS ONE evaluó a setenta pacientes con artrosis y artritis reumatoide durante cinco semanas por cada tratamiento (pulsera de cobre, dos muñequeras magnéticas y un placebo desmagnetizado), monitorizando dolor, movilidad, actividad inflamatoria y marcadores sanguíneos. La pulsera de cobre arrojó resultados idénticos al placebo en todos los parámetros evaluados.

Muñequeras magnéticas. Evaluadas en ese mismo estudio y en investigaciones adicionales: carecen de efecto terapéutico alguno.

Collares de ámbar para la dentición. El mecanismo alegado (la absorción transdérmica de ácido succínico) no ocurre en dosis clínicamente relevantes. El riesgo, en cambio, está constatado: la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) emitió una alerta en 2018 tras notificarse casos de asfixia y estrangulamiento, incluida una muerte infantil, advertencia que han suscrito múltiples sociedades pediátricas internacionales.

Además de estos tres casos, conviene tener presentes dos advertencias generales. Los remedios tradicionales no son inocuos por definición: investigaciones publicadas en JAMA en 2004 y 2008 detectaron plomo, mercurio o arsénico en cerca de una quinta parte de los productos ayurvédicos analizados procedentes del mercado estadounidense, con concentraciones que superaban los límites de seguridad. Y el perjuicio más grave derivado de estos amuletos ha sido siempre el retraso diagnóstico, en situaciones en que existía un tratamiento eficaz que no se solicitó a tiempo.

Cómo se utilizaban los amuletos curativos

La práctica histórica descrita en sus propios términos.

  1. Los amuletos escritos se doblaban en tamaño reducido, se guardaban en estuches de metal o cuero, se colgaban al cuello y no se volvían a abrir.
  2. Los rituales de transferencia concluían con la destrucción o desecho del soporte: entierro, fuego, agua corriente o abandono en una encrucijada.
  3. Las medidas se tomaban con cordel o cera y se entregaban como ofrenda en un santuario.
  4. Muchas fórmulas exigían una pauta fija: nueve jornadas, tres repeticiones o siete nudos hechos antes del amanecer.
  5. El amuleto solía ser elaborado o bendecido por otra persona, a menudo un sanador reconocido en la comunidad.
  6. Los objetos curativos usados se destruían en vez de reutilizarse, un principio uniforme en toda la tradición.

El único elemento de este sistema que resiste el análisis contemporáneo es el factor humano: el amuleto implicaba que una persona atenta dedicaba tiempo y sosiego a un enfermo angustiado, justo aquello que la medicina actual suele tener más dificultades para ofrecer.

Preguntas para reflexionar

  • El rasgo de la magia curativa que funcionaba de forma incuestionable era la atención humana. ¿Dónde se encuentra hoy ese sosiego?
  • Un amuleto que posterga la atención sanitaria es el único objeto de esta colección capaz de provocar la muerte. ¿Modifica eso el modo en que contemplas los demás?
  • Muchas personas guardaron amuletos escritos que no podían leer y que jamás abrieron. ¿Qué custodiaban en realidad?

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