De un vistazo
- Término técnico
- Apotropaico, del griego apotrepein, apartar o desviar
- Mecanismos
- Reflejar, bloquear, distraer, sustituir, nombrar
- Más denso en
- Umbrales y recién nacidos
- Marcas en edificios
- Hexafolias, marcas VV, quemaduras rituales, zapatos emparedados
- Materiales más comunes
- Hierro, plata, serbal, sal, hilo rojo
- Proporción del registro
- La gran mayoría de los amuletos conservados
El propósito primordial
Si se toma al azar un amuleto del cajón de un museo, lo más probable es que sea de protección. Todo lo demás que figura en esta sección (el mal de ojo, la suerte, el dinero, el amor, el parto, la salud, los viajes) no es más que una especialización del mismo ruego fundamental: que no suceda nada malo.
El término técnico es apotropaico, del griego apotrepein (apartar o desviar), y designa cualquier objeto, marca o gesto cuya función sea conjurar el daño. Es una categoría más amplia que la de amuleto, pues abarca relieves en edificios, gestos, fórmulas orales y rasgos arquitectónicos, además de piezas que se llevan puestas. Plinio dedica una larga sección del Libro 28 de su Historia natural precisamente a esta cuestión, y se toma en serio la posibilidad de que las palabras y los gestos tengan fuerza propia, lo que demuestra que la categoría era lo bastante respetable como para que un enciclopedista romano debatiera sobre ella en vez de descartarla.
Lo que distingue a los resguardos protectores es que casi nunca tienen un destinatario concreto. Un amuleto de amor nombra a una persona; uno de suerte, un desenlace. Un amuleto protector no nombra nada: apunta a lo que sea que pueda llegar, y por esa razón el mismo objeto sirve frente a temores tan diversos.
Los cinco mecanismos
Si se prescinde de los detalles locales, los resguardos protectores recurren a una de cinco estrategias, a veces a varias al mismo tiempo.
Reflejar. Devolver el daño al lugar de donde provino. Espejos, plata pulida, la cuenta de ojo.
Bloquear. Interponer una sustancia que el daño no pueda cruzar. Hierro, sal, una línea trazada, un círculo continuo o una figura dibujada sin interrupciones.
Distraer. Ofrecer al daño otro foco de atención. El cuerno, el gesto obsceno, el relieve grotesco en una iglesia, el objeto deliberadamente insólito colgado junto a la puerta.
Sustituir. Disponer un señuelo que absorba el golpe en lugar de la persona. La cuenta de sacrificio que se quiebra, la botella de bruja, el chivo expiatorio, el amuleto que se arroja una vez cumplida su misión.
Nombrar. Invocar una autoridad de palabra o por escrito. Nombres divinos, versículos, el amuleto escrito y sellado, la placa que enumera los crímenes del demonio y le ordena marcharse.
Una vez identificados estos cinco mecanismos, la mayoría de los objetos protectores del mundo se clasifican con rapidez.
Dónde se concentran los resguardos
Las prácticas protectoras se concentran con exactitud en los lugares previsibles, lo que constituye uno de los argumentos más sólidos de que responden a un riesgo percibido de forma racional y no a una acumulación caprichosa de supersticiones.
Umbrales. Puertas, ventanas, chimeneas, cancelas, la cumbrera del tejado. El edificio se concibe como un cuerpo con aberturas, y son esas aberturas las que concentran la atención. Aquí es donde la antropología del umbral cobra pleno sentido: Les rites de passage (1909), de Arnold van Gennep, aportó a la disciplina el concepto de lo liminal, ese espacio que no está ni dentro ni fuera y que, por consiguiente, resulta peligroso; y Purity and Danger (1966), de Mary Douglas, profundizó en la idea al sostener que las sociedades vigilan con celo precisamente las fronteras que sus categorías no logran resolver de otro modo. Un resguardo de umbral es ese mismo argumento plasmado en roble y hierro.
El registro material es abundante. Historic England e investigadores como Timothy Easton han catalogado marcas de protección ritual grabadas en edificios ingleses: hexafolias o rosetas de seis pétalos trazadas a compás cerca de los vanos, la doble V interpretada como Virgo Virginum (Virgen de las vírgenes) y quemaduras intencionadas junto a los hogares. En 2019 se documentó la mayor concentración conocida de estas marcas en Gran Bretaña en la cueva de Robin Hood, en Creswell Crags; estaban situadas a la entrada de la cueva y no en sus profundidades, que es precisamente donde radica la clave. Paralelamente se practicaba la ocultación de objetos dentro de la propia estructura del inmueble: el registro de calzado que June Swann fundó en el Northampton Museum cuenta con más de un millar de zapatos emparedados en chimeneas, techos y suelos, casi siempre usados, habitualmente desparejados y con frecuencia pertenecientes a niños.
Recién nacidos. La mayor concentración de amuletos de todas las culturas presentes en esta biblioteca, pues hasta hace muy poco la mortalidad infantil resultaba desoladora y nadie alcanzaba a explicarla. Coral, ámbar, hilo rojo, cuentas de nazar, un trozo de hierro en la cuna.
El momento vulnerable. El parto, la enfermedad, un viaje, una boda, una casa nueva, salir de noche. El amuleto señala el paso de un estado a otro, no la jornada ordinaria.
Ganado y sustento. Vacas, mantequeras, barcas y cosechas, todo lo cual podía malograrse sin causa aparente. Una rama de serbal en el establo, hilo rojo en la cola del animal, una moneda en la mantequera.
Lo que esta biblioteca dice y lo que no
Un amuleto protector no impide que los acontecimientos sucedan. No existe prueba alguna de ello y ninguna página de este sitio insinuará lo contrario.
Lo que los resguardos sí proporcionan de forma demostrable es una vía de acción ante un peligro frente al cual una persona no podría actuar de otra manera. Eso dista de ser insignificante, y explica su distribución mucho mejor que la simple credulidad. Quienes recurrían con más frecuencia a estos objetos eran, de forma abrumadora, personas expuestas a riesgos reales sin ningún otro medio para afrontarlos: padres de niños pequeños, marineros, campesinos que dependían de un único rebaño, mujeres en el parto.
Por tanto, el único enfoque honesto es el antropológico. Se trata de testimonios materiales de lo que temía la gente y de lo que hacía para sobrellevarlo; y si todavía hoy se elaboran y se llevan, es por motivos que apenas han cambiado.
Cómo elegir un amuleto protector
Los puntos de acuerdo entre tradiciones muy diversas.
- Determina con claridad qué vas a proteger: una persona, un umbral o un animal. Cada caso requiere objetos distintos.
- Elige un único mecanismo en lugar de varios a la vez. Un amuleto que refleja y otro que bloquea cumplen cometidos diferentes.
- Da preferencia al material que estipula la tradición. Un amuleto de hierro hecho en latón o uno de coral en plástico quedan fuera de su propia lógica.
- Colócalo en el punto por donde entra el daño: la puerta, la espalda del niño, el barrote de la cuna o el linde del campo.
- Acepta que puede agotarse. Muchos amuletos protectores están concebidos para romperse, desgastarse o renovarse cada año.
- Si lo has recibido como obsequio en vez de comprarlo, no olvides quién te lo dio. En la mayoría de las tradiciones, ese vínculo forma parte del objeto.
Cuando un amuleto pertenece a una comunidad viva con normas sobre quién puede utilizarlo, esta biblioteca lo indica en la página correspondiente. Nada en el repertorio protector general está sujeto a tales restricciones.
Amuletos y materiales para la protección
Los objetos más empleados en esta categoría.
- La herradura Amuleto Hierro, una media luna, siete clavos y un herrero. El objeto protector más arraigado en el mundo anglosajón.
- Hamsa Amuleto La mano alzada que frena la mirada, compartida por tres religiones y una docena de países.
- Hierro Material La sustancia a la que no pueden aproximarse ni el pueblo feérico ni los muertos sin descanso, y el material protector más accesible que existe.
- Sal Material El único material de esta selección que puede verterse formando un límite continuo, un mecanismo que ningún otro ofrece.
Casi todos los amuletos de esta biblioteca cumplen alguna función de protección. Los cuatro anteriores son aquellos en los que constituye el propósito principal.
Preguntas para reflexionar
- Los amuletos protectores no nombran ningún peligro concreto. ¿Los hace eso más útiles o sencillamente más vagos?
- Las mayores concentraciones se dan en torno a los recién nacidos y los umbrales. ¿Dónde se situaría tu propio punto vulnerable?
- Muchos de estos objetos están pensados para agotarse. ¿Qué esperarías de un amuleto una vez cumplido su cometido?
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