Ogham
Ébad es el signo que grabó la palabra KOI en la piedra: aquí yace. Es la parte llana y funcional de un monumento fúnebre, la cláusula que fija un hecho a un lugar, y es la única letra complementaria que alguien consideró digna del esfuerzo de tallarla. Hoy un asunto tuyo ya ha concluido y lo que falta es dejar constancia. Ponle fecha, dilo donde se oiga y díselo a la persona que todavía cree que el asunto sigue abierto. Más tarde los escribas leyeron esta letra como un salmón, y esa es la capa más bonita, pero se ganó su sitio por decir una cosa con claridad.